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lunes, 3 de diciembre de 2012

Conducía con la mirada anclada en el horizonte. Sólo podía ver a los lados árboles pasar fugazmente, un cielo rosado dando paso al anochecer, unos pájaros volando por detrás de aquella nube. Pero él no pensaba en eso. Él pensaba en ella. En ese accidente que había acabado con la vida de aquella chica rubia, con ojos verdosos, aquella chica con la que compartía su vida. Aquella chica.
Sólo se le ocurría pisar el acelerador, hasta que encontrase su último obstáculo. Sólo se le ocurría saltar por ese acantilado al que acababa de vislumbrar, tan alto, tan.. increíble.
Pensaba en irse lejos, muy lejos.  Esta vez tener la música lo más alta posible no funcionaba. No se le ocurría otra solución. Pero pensó en Alberto, ese pequeño de 3 años, ese al que le llamaba: "papá".
"No puedo hacerlo, él me necesita." - se dijo para sí.
Entonces decidió apartar el pie del acelerador. Sabía que podría seguir hacia delante.

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