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jueves, 16 de mayo de 2013

Me resulta tan fácil cambiar mi estado de ánimo de un momento a otro... bueno, ¿qué digo? Normalmente, yo, si por mí fuera, estaría todo el día sonriendo. Pero no todo es así, algo o alguien, mejor dicho, siempre me lo impide.
Vale, sí, admito que me enfado por tonterías, que soy una impaciente a veces, y que tengo días bordes en los que no hay quien me hable. Pero también he de admitir, que, aunque aparezca alguna lágrima en mis mejillas, aunque vea todo gris, intentaré sacar siempre una sonrisa a los demás, aunque no cuente con la mía propia.
Quizás, llevo un tiempo pensando, que ser así sea un error. Que soy demasiado buena. Pero eso no lo sabes, ni yo tampoco. Es cierto, la gente puede aprovecharse, ya, me conozco esa situación... pero no lo puedo evitar. Por eso, pasará como casi todas las entradas que publico, que acabarán diciendo que cambiaré, que no pensaré en esto y demás. Pero, como dicen, las palabras se las lleva el viento...
Así que no voy a mentir diciendo que cambiaré, que no seré más de esta manera, porque me resulta imposible. Sólo una pequeña reflexión.

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