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jueves, 29 de agosto de 2013

Ella nunca supo qué hacer en esos días grises, esos que son ideales para ver la tele y hacer unos cuantos viajes a la cocina, pensando mil y una veces qué pudo pasar para acabar así, de quién fue la culpa, y si sería la última vez que hablarían. ¿Quién podría tragarse su orgullo y hablar al otro? ¿Se habría olvidado ya de ella? ¿Pensaba en ella tanto como lo hacía ella? ¿Se acostaría cada noche pensando que ese podría ser el último día de ese enfado, y que podrían conseguir estar como antes? Eso ella no lo sabía.
En cambio, él se acostaba con la misma idea, pensaba en las ganas que tenía de hablar con ella, fuese como y cuando fuese... en fin, ¿para qué repetir las ideas de antes? Si es todo semejante..
Se querían, pese a sus diferencias, a sus enfados y discusiones tontas, se echaban de menos. Se necesitaban.
Era imposible esperar mucho más a hablarse, así que lo intentaron.
Sólo con decir que ese fue el último día gris que compartieron...





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