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viernes, 10 de octubre de 2014

Sería más fácil decir que no tengo nada que decir, o que sobran las palabras, pero no siempre sobran. Sería más fácil tener un botón para eliminar todo el dolor que no sea necesario o no queramos, pero, ¿cuán fuertes seríamos sin ese dolor, sin esos momentos que habrían sido borrados por nuestra estupidez? Yo también pagaría lo que fuese por ese botón, pero entonces no habríamos construido esa fachada que tenemos todos contra el dolor, contra lo que nos hirió en un momento.
Ahora parece que es más fácil hacer las cosas a escondidas, que si te enteras de una cosa lo harás por terceras personas. Que jamás es nada a la cara, y que nunca sabes la verdad en su totalidad. Es lo que toca vivir, ¿no? Como si no hubiera mejores cosas de las que preocuparse que de una simple fachada, o de un momento que dura 1 solo minuto. Un solo minuto te puede cambiar tu perspectiva, puede cambiar esa mañana perfecta que llevabas para sumirte en un profundo caos, para hacerte sentir vacía. Sólo hace falta eso.
Nadie se preocupa por ti, y nadie quiere verte mejor de lo que están ellos, y esa es la verdad.
En realidad esto no tiene nada que ver con lo que de verdad quería hablar, pero estos momentos en los que sueltas todo vienen genial. La vida nunca será de color rosa, pero tampoco estará llena de nubes. De todo tiene que haber.

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